
MICROCUENTOS
COSTANERA
Para Francisco, la costanera norte es más que kilómetros de asfalto. La sensación de pisar a fondo y ver como en cosa de segundos los paisajes se hacen difusos y los autos se convierten en simples ráfagas coloridas es para el un momento místico y sublime. Rendirse ante las hipnotizantes líneas del camino, sin dejar de acelerar es y será su eterna motivación. Francisco maneja tranquilo, con plena seguridad, sobre todo desde cuando lo sacaron inerte de entre los fierros retorcidos de su pequeño coupé e inicio esta carrera interminable.
ESPERANZA
Y ahí estaba, arrodillada frente a la centena de peticiones a Romualdito, con unas radiografías del San Juan de Dios en una mano, y un loto recién jugado en la otra. Las gotas de lluvia se confundían con sus lágrimas.
EL PRIMER ENGAÑO
Entré y los vi besándose, acariciándose desnudos en la cama. No se como me hizo eso, no se como pudo engañarme así, maldita infiel, fui y la tomé fuertemente del pelo, ella me sacó del andador y me puso en el corral. ¿No que eras solo mía? ¿Mamá?
INFLEXIÓN
Volvía tranquilo hasta que un brusco frenazo detuvo la micro, miré hacia adelante. El conductor estaba detenido, a la altura del metro Salvador, mirando fijamente a una pareja, que en medio del agua y las luces se besaba. Al rato se bajó y se fue, dejando la micro abandonada en la noche, abandonada en el Santiago de domingo. Lo vi alejarse sin rumbo fijo y no volvió más. Algunos aprovecharon de robar monedas, yo aproveché de replantear mi vida.
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